En una noche azabache, jugueteaba ella con los brazos fuertes de los
macanos deslucidos; alumbrando cual faro, el llanto cristalino de la lluvia
donde refresca su plateada cabellera, como quien se acicala para una noche de
gala.
Hoy, ella no duerme, quiere entregarse completa a la noche, cubrir su hermosura
con el manto negro, mientras la noche es acariciada por ella al pasar.
¿-"Te imaginas"-? Cuestiona asombrada la noche…
"¿Cubriré tu caballera, no tienes miedo de perderte en mi, o que me robe un beso
de tu boca?"…
¡No! -"soy la luna" - responde con bríos de alcurnia-
"Y aunque robes un
pedazo de mi boca, sabré encontrarlo, pues serás la noche más radiante de la
espesura".
"Oh luna mía! Tu virginal sabiduría me asombra, por tal razón, he de
dejarte intacta. Virgen te deseo cada noche"
…Eso diría la noche a la más virgen de las damas.
Te recuerdo que estas en
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La luna y la noche llenaban el vacío entre sus distancias y los dos callados se
arrullaban mutuamente al mirarse.
De repente la noche rompe el silencio y le pregunta a su estrella:
¿Luna mía, puede existir noche sin luna?
¡Si! -contesta ella-;
"cuando duermo, yo te observo con mis pequeñuelos
luceros."
La luna queda curiosamente asombrada por la pregunta y cuestiona a su amante
noche:
¿Crees que puedo existir sin noche?
No luna mía, tú eres mi alegría mi luz mi osadía mi vida sería fría sombría y
los mares se secarían, y yo, luna mía!, me cubriría con el más negro de mis
tapados.
Noche!… noche!… puedo existir sin noche, estoy intacta, incólume es mi
ser… tú no puedes vivir sin luna, yo existo más allá de tu luctuoso parecer.
Fin.