¿Qué es lo que en toda cosa de repente falta?,
se pregunta el hombre enamorado.
Si no estás tú, a las cosas se les distrae
su esencia.
¿Qué es lo que en toda cosa de repente falta?,
se pregunta la mujer enamorada.
Si no estás tú, a las cosas se les distrae
su esencia.
Él sueña
tu cuerpo manchado de lunas,
habitar su memoria con tu nombre,
llevarte entre sus brazos
convertidos en cunas
y abrir su noche oscura de hombre.
Ella sueña
apoyada la barbilla en la última estrella,
tu recta espalda,
tu masculina sustancia.
De repente todo le es fuerza y presencia
y abre su noche de mujer
aún mas clara y bella.
¿Quién pondrá limites a este día?
En las estancias del olvido nada saben.
Viviremos en un lugar de rocas de mica
donde ya nada pueda el ruido de otra edad
ni el trueno de septiembre
cuando repica.
Le habla ella:
Uniremos así nuestras frentes.
Estás aquí
y sólo en ti tengo lugar.
Cantan de alegría los caños
de las frescas fuentes,
los oigo, me llaman, me dicen
que me esperan en el hogar.
Le habla él:
Perfume de esposa en la noche,
me reconozco en la espera de tus ojos,
en las caracolas y en el negro azabache,
en el calor del hogar y,
sobre todo,
en tus labios rojos.
Pero hoy, entre el vaho de los sueños
y el batir de alas...
se derrama el día.
MF
ANONIMO