Cuando Don Alfredo se miro en el espejo, sintio que los anos le habian caido encima. Tenia ya 82 anos de edad, su cuerpo estaba cansado y su mirada perdida, ya le costaba hacer las minimas cosas que hacia antes. Suspiro, mientras dos gruesas lagrimas caian por sus ojos. Los recuerdos volvieron a su mente. Su esposa, su dulce esposa Mariana, ya no estaba con el. La casa estaba vacia sin ella penso el anciano. Solo le quedaba su unico hijo, Arturo, su hijo era su orgullo penso el anciano. Aquel chiquito enfermo, que tanto le costo sacar adelante, pero lo logro. A el, a su hijo, le dio todo lo que el nunca tuvo en la vida, le dio educacion, el mejor de los regalos que un padre puede ofrecerle a su hijo. Su hijo estudio ingeniero, y ahora era un hombre de bien. Alfredo estaba orgulloso de ello.
Sin mas, recogio lo poco que tenia. Habia tomado una decision.
Con paso tembloroso por los anos, llego a la lujosa residencia donde vivia su hijo. Toco a la puerta.
Arturo le recibio con una sonrisa timida.
-Que tal papa? que buscas por aqui? le pregunto como ansioso por marcharse.
-Ay hijo perdona, llegue en mal momento?
-Bueno, la verdad es que si, mi mujer y yo nos estamos preparando para irnos a cenar a casa de unos amigos, pero en fin, que es lo que se te ofrece?
-veras hijo- dijo el anciano con una sonrisa- he estado pensando mucho, ya estoy viejo y enfermo, y mis dias estan contados, la casa donde vivi con tu madre me trae muy malos recuerdos, la echo tanto de menos hijo, y es por eso, que pensando en las cosas, decidi que podia vender la casa y mudarme aqui contigo, no quiero ser un estorbo para ti, yo puedo dormir en cualquier lugar y...
El hijo abrio los ojos asombrado, aquello que estaba oyendo no podia ser posible...
-Veras padre- le dijo algo incomodo- eso que me pides es imposible, mira no se como decirtelo, pero aqui no puedes vivir, ya sabes mi mujer es muy especial, ella es una persona que quiere las cosas a su manera, que todo este en orden etc, y la verdad no creo que tiene tiempo para cuidar de ti, por otra parte, aunque la casa es grande no hay mucho espacio, no tengo una cama que ofrecerte, y la cama que tu compartias con mama es muy grande, por lo que tendrias que dormir en el sofa y...
-no importa hijo, yo duermo en el sofa, con tal de sentir tu compania, es que en la casa me siento tan solo- dijo el anciano con lagrimas en los ojos...
el hijo lo miro y dijo.
-bueno padre, tendre que hablar con mi mujer, pero como te digo aqui no hay condiciones para que te quedes, en fin, ya te dejare saber.
El anciano se fue muy triste para su casa. Al dia siguiente, volvio y entonces el hijo en tono de enojo le dijo.
-Esta bien padre, quedate, pero solo dormiras en el sofa...
el anciano acepto feliz.
el hijo entonces llamo a su hijo de 6 anos, que habia oido todo lo que habian hablado el dia anterior y le dijo.
-Juanito ve al cuarto de huespedes y busca una de las colchas que hay ahi para tu abuelo...
el nino asintio, cuando regreso traia unas tijeras junto a la colcha y comenzo a cortar la colcha...
-que haces nino? pregunto enojado el padre- por que cortas esa colcha que es para tu abuelo?
-lo que pasa papi, es que estoy pensando, que cuando yo sea grande y tu quieras vivir en mi casa porque te sientas solo sin mama, yo entonces tendre la mitad de esta colcha reservada para que tu duermas en el sofa de mi casa con ella....
el hijo entendio el mensaje que su hijo le habia querido dar. Con lagrimas en los ojos, le dijo a su padre.
-Perdoname papa, venga conmigo al cuarto de huespedes...
En la vida todo lo que hacemos se nos devuelve, si hacemos bien recibiremos bien, si hacemos mal recibiremos mal. Somos un ejemplo para nuestros hijos, por eso, tengamos cuidado como actuamos delante de ellos, porque nuestro ejemplo es lo que los ensenara a ellos los principios de la vida. No es con palabras con que se le ensena a un nino, es con la accion que habla mas que miles de palabras.