Si la sangre fuera como las piedras,
quedaría.
Sólo el rojo, el
ardor,
sólo el dolor
de los hombres.
Y las heridas quedan
abiertas
y supuran de injusticia.
Nadie las venga,
nadie les da
justicia.
Pero en la quietud de la noche
caerá la lluvia.
Y lavará
las manchas.
Los océanos de roja furia.
Mientras que el agua limpia
las heridas,
nos repite una y otra vez.
¡Que somos frágiles!
Y
somos débiles y efímeros, como la sangre.
La sangre baña la tierra
e
inunda los océanos
y tiñe el cielo.
Es la sangre de los
inocentes,
sacrificados y mutilados de espíritu.
Y yo quiero cubrirme
con esa sangre
y beberla. Para no olvidar de quienes era.
Desvanecerme
bajo la lluvia
que dice y repite.
Que somos frágiles, que somos tan
frágiles.
Porque en nuestras venas
llevamos esa misma sangre.
Que no
queda,
que se lava
y desaparece sólo con agua.