LA ÚLTIMA DESPEDIDA
Eran como las 6 y 30 de una tarde de lluvia, la señora Rosa bajaba de una reunión que se había programado en la escuela como cada dos meses se efectuaba para entrega de notas de los estudiantes, bajaba en compañía de su esposo Adán y sus tres hijos pequeños, Valentina, Manuel y Ernesto el más pequeño.
Había caído un fuerte aguacero cerca de las cinco de la tarde, la entrega de notas no tuvo ninguna novedad, los pequeños eran dedicados a sus tareas y no tenían correctivos en sus notas. Rosa se preocupaba por ellos para que fueran personas de buenas costumbres y llenas de responsabilidades. Era gente noble, como todos los campesinos de bien.
Esa misma tarde se había celebrado un bingo para recolectar dineros para el 30 de Octubre día de los niños. Como era habitual Rosa y Adán no habían ganado ni un penique,” la suerte no es para todo el mundo “decía la señora Rosa. Como esa tarde iba acompañado de su esposo y sus tres hijos, no había ido en su bestia, tenían un solo caballo en su parcela, era el mismo que utilizaban los días domingos para subir las provisiones del pueblo.
Cuando salieron de la escuela se despidieron de la profesora Martha y le entregaron un quesito grande que le habían hecho, aprovechando la bonanza que había traído la última cría del ganado del Señor Martín, dueño de la finca donde vivían.
Era un camino con muchos peñascos y tierra amarilla, la cual era muy resbalosa. Adán bajaba delante de la mano de Ernesto el menor, la señora Rosa seguía los pasos con sus otros dos hijos. Estaba oscureciendo, no llevaron el perro para espantar posibles ladrones de gallinas que había en su finca.
Llegando al puentecito, la señora Marta se adelantó y se metió por un montecito al lado de un matorral para que Ernesto el menor orinara, mientras lo descargaba de su espalda, sintió un quemón bajo sus pies y seguidamente la explosión que la dejó sin sus piernas, entonces los gritos de dolor se hicieron fuertes, Adán brinco entre la maleza para socorrerla y al tratar de hacerlo piso otra mina que se ocultaba entre la espesa vegetación y voló por los aires aumentando el escalofrío de los suyos. Adán había fallecido en el acto, los gritos se hacían más fuerte, todo era una confusión, Rosa en medio de su agonía, sintió la pelona encima y se despidió de sus hijitos, los arrimó a sus brazos agonizantes, los bendijo, se despidió de ellos y les pidió que siguieran unidos por siempre. Manuel siendo el mayor de todos, corrió en busca de ayuda, pero ante aquellas dos explosiones nadie salió a socorrerlos, el miedo era más fuerte que sus fortalezas.
Dos muertos más que sumaban las desgracias de dolor y pánico entre las personas indefensas de las lejanías. Que escena de dolor tan desgarradora, sentir tres pequeños la muerte absurda de sus padres, por manos de la violencia.
Luego de que la señora Rosa falleciera, Manuel regreso sin ayuda, nadie lo escuchaba, nadie pasaba por aquellos distantes caminos, Manuel se acercó a su madre ya fallecida, cerró sus ojitos con sus dedos mojados por las lágrimas y apartó a sus hermanitos del frío de la muerte, con la ruana de su padre tapó el cadáver de su madre y a su padre, lo tapó con hojas de biao que cortó con la peinilla que su padre portaba en su cintura.
Tomó de la mano a sus dos hermanitos y partieron nuevamente hacia la escuela, buscando el auxilio de los lugareños.
Era de noche, a lo lejos se sentían ladrar los perros. Solo unos pocos fueron capaces de bajar hasta el lugar donde estaban los cuerpos inermes. Una comisión que encabezaba la profesora Martha, viajó al pueblo por la ayuda del ejército y la policía. Los mismos que dijeron que esa noche no irían, que temían a nuevas emboscadas. Únicamente al amanecer pudieron desplazarse a la zona de muerte, con la ayuda de perros anti explosivos. Los niños durmieron esa noche donde unos vecinos cerca a la escuela. Los cadáveres de los esposos, pasaron la noche en medio de los sonidos de la selva, chicharras, grillos y los sapos que habitan los estanques.
Cada que mencionan la palabra mina quiebra patas, me llegan aquellos recuerdos de dolor y de tragedia. Sueño con ver los caminos de mi patria, llenos de alegría, de laboriosidad y de esfuerzos por salir adelante sin tener que pasar por encima de nadie. Nuestro País merece otro camino aparte de éste que está lleno de odio y de destrucción entre los propios hermanos….OJALA QUE DIOS SALVE A COLOMBIA DEL ACTUAL CON FLICTO…..
Ojala la violencia no siga siendo una manera de calmar la sed de la venganza de aquellas personas que la padecieron… QUE DIOS SALVE A COLOMBIA…