
Embriagado de bálsamo y dulces besos,
ligero, por el viento a la vela dirijo,
sinuoso hacia la muerte de la fina noche,
situado en el macizo ardor costero.
Agotado y fijo a mi barca consumiente
atravieso el ácido poder del clima revelado,
aún cubierto por una ropa gris y sonido tácito,
y una figura abatida por la espuma dejada.,-
Marcho, rígido de ímpetu, acoplado a mi soplo único,
astro, luz, fogoso y frío, de pronto, me quede
dormido en la tráquea del oportuno
arrecife que como silueta suave me abrazo.
Se sacude en la sombra mojada esos besos
locamente colmados de electricidad intensa,
de manera épica que divide los sueños y
emborracha las rosas cultivándose por y en mí.
Viento arriba, en medio de mares extensos,
donde similar a mi cuerpo se aprieta en mis extremidades
como brea eterna adherida a mi alma
fulminante y pausado en el arresto cósmico.,-