Tus ojos no eran oscuros, ni profundos,
no pesaba su color, no juzgaban,
al contrario, eran livianos, eran claros,
eran candorosos, tus ojos me acariciaban,
mientras mirabas fijamente, mis heridas.
Tus ojos eran testigos de mi caída,
de mis lágrimas perdidas y sin razón,
tus ojos eran testigos de mi inconciencia,
de mi autodestrucción.
Benditos tus ojos quehicieron ver,
mi cuerpo sobre el suelo y mis brazos rendidos,
benditos tus ojos que guiaron tus manos
a las mías, sujetandolas firmemente,
me hiciste reaccionar.
Cuando alcé la vista, quedamos frente a frente,
rostro con rostro, y tu mirada fué un respiro suave,
adoré tus ojos. Tu intención fué levantarme,
pero hiciste mucho más, calmabas mis penas,
tan solo posando tus ojos en mi.