
Hoy me gustaría romper una lanza por todos aquellos sentimientos que han sido gritados a los cuatro vientos, y sin embargo, nadie ha oído. ¿Tal vez nadie se preocupó por entender? ¿Podría ser que los esparcimos a los vientos equivocados?
Recuerdo tantas tardes que pasé pensando en esa situación, ese amigo, esa persona... Después de estar tantas horas dándole vueltas a lo mismo, parecía que tu piel gritaba lo evidente, y no había que hablar más sobre el tema... Y quizá era verdad, y el sentimiento se derramaba por todos los poros de tu piel, o en cada brillo en tu mirada... Pero nadie parecía darse cuenta.
Algún día, igual me da por inventar una caja de sentimientos, donde podamos ir recogiéndolos. Cada lágrima, cada palabra, cada suspiro, cada nombre escrito en las páginas de una libreta amarilla, cada gota de lluvia resbalando por el cristal... ¿Y por qué no cada enfado o decepción? Todo eso iría a parar a la caja. ¿Porqué no entregarlo a la persona que deba conocer todo eso? Quizá al abrirla, como si de la caja de Pandora se tratase, se aclararían tanto las situaciones... Ummmm, ¿un beso como candado?
Debo ponerme a ello...