
Un fuerte frio, asoma la entrada
De mi habitación y de mi alma,
Son las frías heladas del crudo invierno;
Que azotan mi ser solitario y acongojado.
Sin poder imaginar su ausencia;
De aquel ser que un día,
Declaró con sinceridad el amor
Que sentía, acabando en un triste recuerdo.
A veces es difícil aceptar nuestra realidad;
Sin lograr entender, que después de tanta lealtad,
Por aquella divinidad de sentimientos, logró desmoronar
Un indecoroso orgullo, dejando un vacio que nadie puede reemplazar.
Cuando el corazón es desgarrado;
Por las jugadas de la vida, el tiempo
Es la que se encargada de cicatrizarlas;
Y el divino Creador nos ayuda a superarlas.