
Cuando mi ser se distanciaba de la realidad
Ahí estabas tú, el gran Dios de la humanidad.
Cuando mi alma gritaba de dolor y no encontraba
Consuelo humano, solo tu habitabas ahí Altísimo Padre de la vida.
Cuando mi última voluntad, era ya no estar en este mundo;
Tú me dabas aliento de vida, para soportar las adversidades del tiempo.
Cuando la decepción abrigaba mi corazón y la desconfianza era mi temor;
Solo tu Divino Creador me enseñaste a perdonar y olvidar con amor.
Cuando no entendía tanta injusticia, que había a mi alrededor;
Eras tú Dios Supremo que me concedías sabiduría, para afrontar con valor.
Cuando todos me serraban las puertas, en momentos dificultosos;
Solo tu Dios Altísimo, me abrías esa puerta, con los brazos extendidos.
Cuando todos me acusaban y me apuntaban con el dedo;
Eras tú mi Padre Celestial quien sin preguntar, me defendió.