El amor es fuego ardiente
Que Dios mismo enciende
No hay océanos que lo apaguen;
Ni personas, que por riquezas lo cambien
Un día admití lo que sentía
Y en aquella ocasión el me decía;
Que siempre me recordaría
Cuando de la ciudad él, se alejaría.
Desde ese día guarde mi corazón;
Solo a mi amado, una razón
Para probar mi lealtad
De esta alma que da sinceridad.
A veces pareciera que naufragara
En medio del océano, sino te amara
Tanto dejaría cautivo este amor
Corazón traicionero, que manipulas el interior.
El amor es dulce como la miel
Y a veces tan amarga como la hiel
Amado mío, porque te desplegaste;
A otro horizonte, triste y sola me dejaste.
Ya no puedo más, es un tormento
Ver como se despedaza a diario
El corazón y no dejo de llorar
Las veces que me pongo a recordar.
Cada vez me aferro mas a Dios,
Porque el meda esa paz, que rebuscamos;
Cuando ni el consuelo del mejor amigo
Serenan el corazón abatido.
Yo no soy quién para juzgar;
Ese papel no me corresponde afrontar
Esta en manos del Divino Creador,
Quién procederá como un defensor.